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<< El Aditivo Una segunda menor en casa >>

Mi putita adorada
Autor: anómimo - Categoría: Hetero

Mónica hoy en día mi segunda esposa, la conocí hace tiempo.

Era vecinita en el sitio en que vivía con mi primera mujer.

Preciosa de pelo negro. Labios grandes. Ojos negros intensos y una piel blanca con suavidad de porcelana.

Era amiguita de mi hija mayor.

Algo que llamaba mucho la atención en mí, era la manera en que Monica me veía.

No era una mirada de niña inocente, sino una mirada de ofrecimiento corporal, de entrega, de deseo.

Yo las llevaba a ella y a mi hija al colegio y al despedirlas cada una me daba un beso. El beso de Monica casi siempre rosaba la comisura de mi boca.

Luego me reía con picardía, parecía que sabía que eso me enervaba.

En un fín de semana mi hija la invita a que nos acompañe a disfrutar en nuestra casa de la playa.

Allí pude observar su cuerpito muy bien formado. Con unos senos grandes para su edad, unas piernas inmaculadas, firmes con unos tobillos resistentes y unas nalgas redondas y carnosas que invitaban a la lujuria.

Yo con 30 años encima me sentía incomodo con los deseos que esa niña me inspiraba.

Comenzamos a intercambiar miradas, sonrisas, apretones de manos y abrazos.

Durante el día pude abrazarla y estrechar nuestros cuerpos cuando nadabamos en el mar.

Varias veces le recosté mi erección sobre sus nalgas. Ella disimuladamente calló.

Durante la noche mientras Monica y mi hija veían televisión y mi esposa dormía los traguitos de la tarde, me dirigí al baño a ducharme. El baño tenía como puerta solo una cortina de plástico, y estaba en el patio detrás de la casa.

Al pasar frente a Monica le sonreí pícaramente y le hice señas para que me siguiera.

Mónica a los pocos minutos se incorporó y salió detrás de mí. En dirección al baño donde me encontraba desnudo totalmente y con la verga tiesa y caliente.

Escuché su vocecita que desde afuera me preguntaba:

-Qué quieres.

Yo abrí la cortina y me le presenté totalmente en cueros. Puse una sonrisa amplia y le díje :

- A ti.

Ella se puso una manita sobre su boca, me observó el miembro y comenzó a reirse desenfrenadamente.

Sus risas llamaron la atención de mi hija que salió al patio preguntando qué ocurría.

Monica sin inmutarse le díjo que había tropezado con con un pájaro grandote y gordo que parecía un buho.

Mi hija asustada la agarró por la mano y la llevó hacia adentro de la casa.

Yo me reía de la ocurrencia de Monica.

Al salir de la ducha y pasar de nuevo frente a ella, sin que mi hija la viera, me sacó su lenguita y me peló sus ojazos provocativamente.

Esa noche decidí quedarme durmiendo afuera de la casa en una hamaca.

Al estar la casa silenciosa. Y oscura totalmente. Me incorporé y me introduje en la habitación donde Monica dormía con mi hija. Esta éstaba dormida profundamente.

Mónica estaba despierta. Sabía que yo la iba a buscar esa noche.

La tomé de la mano y salimos silenciosamente de la casa. Ella venía descalza con el pelo suelto hasta la cintura y una franela que la cubría hasta las rodillas.

En el patio la abracé fuertemente y la tomé en peso. La besé y noté como vibraba entre mis brazos.

La metí dentro de la hamaca totalmente desnuda.

Besé sus senos grandes y duros. Me la comía desesperadamente. Cuando llegué bajo su ombligo la sentí gemir y la veía como abría sus piernas exponiendome su coñito ante mi boca.

La mamé con veteranía y la hice acabar rapidamente. Me dí cuenta que mi lengua entraba muy fácil en su vagina. Introduje uno de mis dedos y entendí que la muy zorra había perdido su virginidad hacía mucho tiempo.

La levanté en peso y la coloqué sobre mi verga enhiesta, su cuerpo se fue ensartando con moderada dificultad, hasta quedar totalmente inmovilizada por ese grueso mastil rígido al que ella protegía del frío.

Le dí dos nalgadas fuertes y la invité a que se moviera.

Ella inició suavemente con algo de dolor. Lentamente. Yo empecé a levantarla con furia hacia arriba y la dejaba caer. Agarró el gusto y me empapó de secreciones el huevo. Desesperado me incorporé cargandola y culeandola hacia arriba.

Ella con sus piernas atrapó mi cintura y con sus brazos se guindo de mis hombros.

Le introduje un índice en el culo y ella explotó en un orgasmo que la enviciaría para siempre.

Yo que aún no había acabado , la bajé, se lo saqué la senté en la hamaca y se lo metí dentro de la boca. Dos minutos mas tarde me le vacié en la boca y la bañé en semen.

Así comenzamos lo que serían las relaciones mas excitantes que yo había tenido con mujer alguna.

Buscabamos todos los sitios posibles donde aparearnos.

En una oportunidad en su propia casa con sus padres en la sala atendiendo a una visita, la cojí en la cocina por el culito untandole mantequilla.

En uno de los movimientos le saqué la verga para disfrutar de la visión del inmenso hueco que le dejaba mi verga en su ano. Un color Rojo sangre rodeado por sus blancas nalgas.

Le perdí el amor a mi mujer, y busqué la excusa para irme de la casa a vivir solo en un apartamento en donde Monica me visirtaba diariamente escapandose de su casa.

Me fascinaba cuando llegaba sudada con su cuca hediondita divinamente.

Otra vez le mordí una nalga tan salvajemente que tardó como dos meses con la marca de mis dientes.

Ella cada cosa que le hacía la transformaba en una avarienta. Otra vez me quité el cinturón y le dí una cueriza en sus piernas y sus nalgas. Se iba en llanto y se aferraba a mis piernas besando mis pies, mis bolas y mi glande. Me gritaba que le pegara cuando yo no quería hacerlo. Ella misma me daba el cinturón. Luego se la pasaba vistiendo monos deportivos cerrados para ocultar las marcas.

Me díjo que quería vivir conmigo, que no aguantaba mas estar lejos de mí.

Decidimos escribir una carta a sus padres y desaparecernos hacia las selvas de Brazil.

Monica se había transformado en una soberbia hembra.

La extracción de diamantes en la zona me hizo mas adinerado.

Con documentos falsos que compré. Me la llevé hacia España.

Allá comenzamos a vivir lo mejor de nuestras vidas.

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