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<< Cuatro horas de septiembre Wilson el cubano >>

Masturbe en el metro
Autor: anómimo - Categoría: Confesiones -  Comentarios

Mi nombre es Mayra Fabila, soy del D.F., y hasta hace poco que me he vuelto asidua seguidora de los relatos eróticos. No se porque a mucha gente le parece aberrante hablar del sexo si es la llave que abre todas las puertas en el mundo.

Lo que voy a relatar nunca antes lo había hecho, pero es harto excitante que puedas "hablar" sin que los demás te vean o te miren. Sólo te miran con el pensamiento. Actualmente tengo 27 años, lo que quiero contarles me sucedió cuando tenía 20.

Nunca he sido una belleza pero tengo mis atributos: soy bajita pero de lo bueno poco, con senos pequeños pero llenadores, y eso sí, tengo unas nalgas de campeonato, desde que era pequeña ya me las chuleaban, y actualmente ni se diga, son bastante apreciadas y codiciadas, pero generalmente no las presto... a manos que valga la pena.

Cunado tenía esos 20 años era un poco tímida y muy inexperta en cuanto al sexo se refiere, varias veces cuando mis amigas platicaban de sexo y de sus aventuras con sus novios yo no tenía nada que contar porque ni novio tenía. Mi sexualidad había despertado hace ya un buen rato y pocas veces, cuando me sentía excitada, me masturbaba. Pero no era suficiente.

Mi inquietud y curiosidad crecian constantemente, no dejandome más alternativa que tratar de averiguar esas cosas que contaban mis amigas, "esas cosas que tú ya sabes", me decía.

Por cuestiones de economía tuve que tratar de conseguir empleo, ese día aún lo recuerdo bien, me puse una falda que me llegaba hasta la rodilla, amplia y de un color azul marino, muy bonita mi falda, con unos zapatos de tacon chiquito, mi blusa blanca de manga corta y como hacía un poco de frio, me puse mi abrigo.

Salí tempranito porque tenía que estar a las ocho en mi entrevista de trabajo, llevaba mis papeles, mis fotografías y cartas de recomendación. Aborde el metro en Universidad y como no estaba acostumbrada a despertar tan temprano me quede dormida. Cuando desperte me dí cuenta que me había pasado hasta La Raza, baje como de rayo y me dispuse a regresar las estaciones que me pase.

Mientras caminaba por el anden me percate de que estaba muy concurrido el lugar, había gente de todos los colores y sabores, por así decirlo. Me detuve casi a la mitad del anden y con mi inexperiencia viajando en el metro no me percate que a mi alrededor estaba plagado de varones.

Después de una espera de casi díez minutos, el anden estaba abarrotado, y la gente se empezaba a arremolinar en las partes que calculaban se abrirían las puertas.

Al llegar el convoy me asuste y trate de salir de ahí pero la muchedumbre me lo impidió, estaba rodeada de humanidades ansiosas y deseperadas por entrar al vagón. Las puertas se abrieron y estaba algo concurrido el interior y de un gran empujón me metieron al interior del vagón. Fue sorprendente sentir como casi te levanta la gente en su desesperación, al grado de tener que llegar casi al fondo del vagón, quedando atrapada entre la esquina donde estaba la escalera de emergencia y un señor.

Ya no recuerdo si era guapo o no, pero lo que todavía recuerdo es ese calor que senti de su entrepierna junto a la mia, era un calor delicioso, imposible de describir, en ese entonces para mí. Cerraron las puertas del vagón y comenzo su marcha, mi bolsa la llevaba agarrada con fuerza y abajo, por eso es que pude sentir un escalofrio cuando algo caliente y húmedo se acercó a mis manos, el señor se había bajado el cierre del pantalón y traía su pene al aire. Era grande y se veía impresionante, nunca antes había visto uno y menos a una disctancia tan corta. De reojo lo observaba y sin mostrar nerviosismo aprovechaba el movimiento del vagón para arrimarse su "cosa" a mis manos.

Mientras mas me arrimaba su pene a mis manos más me excitaba. De pronto note que estaban humedecidas mis manos por un líquido que salía de su "cosa" y embarraba mis manos, era trasnparente y viscoso. Hubo un momento en que la excitación y la curiosidad se apoderaron de mí y sin pernsarlo tome entre mi mano izquierda su pene, lo rodee con mi mano y sentí su calor, sentí su humedad y como daba pequeños saltos.

Estuve sosteniendo ese trozo de carne unos segundos y el señor se quedo pasamado, tal vez no esperaba esa reacción de mi parte, pero no dijo nada, yo ni siquiera lo mire, seguía observando hacía adelante y con ese gran pedazo de carne en mi mano. Empezo a moverse hacia delante y hacia atrás muy disimuladamente, a lo que empece a apretarle más su "cosa". Creo que fue mi instinto el que hizo que yo sola comenzara a mover mi mano de adelante hacia atrás, lo hacia con movimientos discretos porque no era fácil con tanta gente alrededor, me dedique a sobarsela y jalarsela, a jugar con kis dedos su cabecita, manupilaba ese pene con insistencia, lo apretaba y acariciaba fuertemente, estaba muy excitada que no me importaba estar haciendo eso con tanta gente a mi alrededor, alze la mirada y vi una sonrisa en la cara de ese señor, mientras seguía con mi descabellada tarea, y fue cuando me dí cuenta que un señor que estaba a nuestro lado ya se había percatado de lo que estaba haciendole al otro.

Tal vez un sentido de complicidad del otro señor hizo que con su períodico tapara un poco mis extrañas maniobras y se sonriera conmigo. Le devolví la sonrisa discreta y seguí en lo mío, apresure mis movimientos porque en dos estaciones después el amontonamiento del vagón no me dejaba tocar a placer ese pene. Unos momentos después de su cabecita salió disparado hacia mi falda un chorro de color blanco, caliente que también se quedo en mi mano. El sujeto dejo escapar un suspiro y su pene se relajo y empezó a perder fuerza y tamaño. Eso me indicó que había terminado con él.

Llegamos a Hidalgo y se bajo el señor, apretó mi mano y me dijo rapidamente -nos vemos mañana a la misma hora-, bajó y se alejó. Con mi abrigo tape ese líquido blanco que estaba en mi ropa y espere a llegar a Eugenia para salir.

Apenas se cerraron las puertas cuando el otro sujeto ya estaba muy pegado a mi y note un bulto a la altura de su cierre. Lo mire y sentí que me pedía que lo tocara, creo que eso quería así que comence a tocarlo por encima del pantalón, con rapidez baje su cierre y como no era muy fácil la maniobra sólo me concentre a la cabecita sobre su truza, estaba igual de excitado que yo, eso creo que casi después de unos tocamientos también expulsó su líquido y mojo mis manos pero no me mancho.

Llegue a eugenia y entre empujones baje del convoy y volví la cara, me miraba sonriente y me hizo una seña con las manos ahí cerca de la puerta, creo que me dcía que "mañana nos vemos otra vez". Acudí a mi cita y me dieron el empleo pero tuve que pasar al baño a limpiar mi falda que aún le quedaron restos de mi aventura. Lo del día siguiente lo contare si es que desean que lo haga, sólo basta que me lo pidan porque también ha sido fascinante para mí. Besos.

MAYRA

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